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viernes, 26 de abril de 2013

Adoración... "los adoradores en espíritu y verdad" (Juan 4:23-24)


Un llamado a la Adoración (Juan 4:23-24)
Actualmente existe un gran problema en el cristianismo (la iglesia misma), y es la falta de adoradores (falta de adoración a Dios), se habla de que hay miles de cristianos, pero no adoran y muchos de quienes lo hacen, lo hacen mal, de manera que no logran cumplir el mandato de Jesús en (Juan 4:23-24) RV95 el cual nos dice: “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que lo adoren. Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren”.

La nueva generación de cristianos no son adoradores, ellos piensan que eso ya ha pasado de moda, que no hay necesidad de postración ante el Santísimo Dios; muchos no creen ni siquiera en el culto ni en la iglesia. A diferencia de estos están los cristianos tradicionales, los cuales nos obligan a venerar al Santísimo Dios; lo malo es que centran su religión en culto e iglesia (culto más que la “praxis” o práctica, sumisión a la iglesia más que adoración verdadera).

En este contexto quiero presentar esta reflexión, que nos lleva a ser promotores de un “culto” el cual es servicio, un servicio que es ofrenda de dones ante Dios y nos invita a penetrar en la adoración cristiana. Se necesitan nuevos adoradores, que descubran a Dios por medio de Jesucristo.

Diferenciemos algunos términos
Alabanza: Expresión de gozo y canto por la inmensidad y gracia de Dios. ¡Cuán hermoso eres tu oh Dios! ¡Cuán maravilloso es el hombre (humanidad: mujer y varón) cuando está en tu presencia! Es por eso que te cantamos e incluso bailamos desde el fondo mismo de nuestras vidas.
Adoración: Postrarse o inclinarse en sentido de reverencia, es rendir ante Dios nuestros dones, porque es Santo, porque es grande. ¡Yo le ofrezco mi existencia (mi vida) al inclinarme (postrarme, venerarlo, arrodillarme, humillarme) delante de su presencia!
Bendición: Palabra buena, que proviene de Dios y nos llena, ofreciéndonos espacio de existencia. Es por esto que nosotros devolvemos a Dios la bendición (¡Te bendecimos Señor!) ofreciendo con esto palabra buena a todos los seres del cielo y la tierra, con una gran especialidad en los hombres (humanidad) que son nuestros hermanos.
Glorificación: Gloria quiere decir brillo de Dios, es la santidad gozosa, la cual nosotros descubrimos como cielo o plenitud de la existencia. Dios nos glorifica (nos salva) por medio de Cristo. Es por esto mismo que nosotros respondemos a él, devolviéndole la gloria (¡Te damos gloria Dios! ¡Gloria a Dios!).
Agradecimiento: La alabanza puede entenderse como gesto y palabra de acción de gracias. Todo lo que somos lo recibimos de manera gratuita, es por esto mismo que nos gozamos y lo devolvemos todo a Dios en señal de gratitud la cual queremos expandir también hacia los hombres (humanidad), que son hermanos nuestros.

Después de la alabanza, viene la adoración:
Cuando dirigimos los ojos hacia Dios, admirándolo y cantando su grandeza, volvemos y nos observamos, vemos hacia nuestro adentro (nuestro interior) y nos preguntamos ¿Qué podemos hacer? Nos vemos tan pequeños y dependientes delante de Él, tan pecadores, pero al mismo tiempo, sostenidos por su gracia la cual nos alienta y nos sostiene, es allí cuando entramos en  adoración, pero ¿cómo podemos entender la adoración? Debemos comprender la palabra adoración en los tres idiomas importantes:

Histajawah/Adoración (en hebreo): Es postrarse totalmente en el suelo (inclinarse hasta el suelo). Este es un gesto utilizado por los siervos orientales, los cuales se inclinan y arrojan al suelo ante sus señores, mostrándoles de esa manera una total dedicación y hacerles ver su impotencia. A lo largo de la historia hay muchas personas (hombres y mujeres) que se han postrado completamente en el suelo, en sentido de sumisión y reconociendo su propia pequeñez delante de Dios, el cual los levanta de la tierra y los invita a caminar con Él.

Proskynein/Adoración (en Griego): doblar la rodilla, esto sucede en la escena de los sabios (magos) de Oriente según (Mateo 2:8), los cuales se inclina y se arrodillan ante el niño de Belén (Jesús), este gesto de inclinación hace ver el sentimiento de ellos hacia Dios (no se sienten dignos de hallarse en pie ante su presencia). Se dejan caer ante los pies de Dios (el Niño Jesús) demostrando de esta manera su homenaje y reverencia; entregándole de esta manera su vida y sus dones, presentándose como siervos de aquel (Dios) a quien adoran.

Adoratio/Adoración (en Latín): ad-orare, dirigirse orando a otro, de esta manera se insinúa al gesto de aquella persona que se inclinaba hasta besar el suelo delante de aquel a quien le ofrecía reverencia o, simplemente, besa a quien adora, demostrándole así su amor y cariño. En este sentido, se puede decir que adorar significa amar, es como compartir el mismo aliento con aquel a quien amamos (esto nos vincula con él por medio de la respiración y la palabra)

En cualquiera de estos tres sentidos, desde el postrarse en suelo hasta el beso de amor entre iguales, es claro que la adoración implica el reconocer que mi vida está en manos de otro, ante el cual me arrojo, o me arrodillo, o le beso en la mano, los pies o la frente, e incluso dejando que él me bese, ya que vivo de su vida y respiro con su aliento. Desde este fondo se vincula la adoración y la alabanza de (Lucas 2:14) RV60 que dice "¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" ya que parten de una misma experiencia sagrada pero con matices diferentes.

Después de esto podemos decir que alabanza es la respuesta de júbilo de nosotros los hombres, que viendo a Dios, nos olvidamos de nosotros mismos, por admirar y contemplar su grandeza; por eso es que cantamos y elevamos palabras jubilosas. Por el contrario, la adoración es la respuesta del que, viendo a Dios, mira hacia él mismo (su interior) y se siente (se reconoce) indigno, por lo mismo se inclina hasta el suelo, para que quién le ama (Dios) lo eleve y le bese, ya que solo se puede adorar en verdad a aquel que puede besarnos y animarnos con su aliento.

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad
Nuestro modelo y el centro de nuestra adoración debe ser Cristo, quien ofreció a Dios su vida (en espíritu y verdad), tal como lo dice (Juan 4:23) “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que lo adoren.” Esta es la verdadera y única adoración: vivir como lo hizo Jesús, procurando que nuestra vida sea rica (espiritualmente “ser enriquecidos por la fuerza del Espíritu Santo”) y gozosa ante Dios, haciéndolo como muestra de verdad.

Está bien inclinarse y arrojarse hasta el suelo ante Dios, como siervos (según la línea Hebrea), también es bueno arrodillarse ante nuestro Dios, viéndole como a nuestro Señor (según la línea griega) pero más que eso nosotros debemos adorar a Dios, ofreciendo todo lo que existe y aún más que eso, ofrecernos nosotros, a nosotros mismos, en espíritu y verdad, ser una ofrenda viva, santa y agradable, sabiendo que éste es nuestro culto racional, así como lo resalta Pablo en (Romanos 12:1). Adorar no solamente es estar delante de Dios, sino vivir con Dios, como gesto de gratitud, por darnos vida con su vida y dejarnos respirar con su aliento, y no solo eso, sino que también por levantarnos y animarnos con un beso, el cual nos hace amigos de Él. Es por esto que le adoramos y le rendimos culto, es por eso que debemos adorarle siempre.

Cuando llegamos a realizarnos como humanos plenamente iluminados por Cristo (ser humanos plenos), desplegamos nuestra vida ante Dios, y esto es el culto y la adoración que ofrecemos (adoramos en espíritu y verdad). Cuando alcanzamos esto nosotros vemos desde Dios hacia nosotros mismos, ya no nos arrodillamos y nos tiramos al suelo de manera servil (siervo), porque Dios nos ha levantado y nos ha besado (nos ha hecho sus hijos, sus amigos), ahora lo haremos con gesto de exaltación, de agradecimiento, es más, podemos ponernos de pie ante el don divino; porque podemos vivir, caminar  y realizarnos por Él (Cristo) y con Él (Cristo). Desde este punto, la adoración se vuelve un compromiso de existencia humana, siguiendo el camino de la entrega redentora de Cristo.

Dios nos libra de todas las otras maneras de adoración, social, política o religiosa, no debemos inclinarnos o postrarnos ante nadie, ni ídolos, ni ciencia o naturaleza, ni ante reyes, presidentes o tiranos, ni ante el estado, leyes o decretos, ni ante partidos políticos o clases sociales que puedan pedir adoración. Por esta razón nosotros los cristianos no adoramos a ninguna jerarquía de la tierra, aun cuando ella diga que es sagrada.


Adorar a Dios por su revelación, por nuestra redención y por su comunión
Solo a Dios veneramos y a él adoramos, lo hacemos por tres razones: primero por su revelación (Dios se reveló “encarno” como humano “el niño de Belén, Jesús mismo” en este mundo). Segundo, por su muerte (Dios ofrece su vida y la comparte con todos los hombres, estando en medio del mismo dolor). Tercero, por su comunión (Dios, que es vida, comparte la vida con nosotros). A la luz de estas tres razones, descubrimos que Dios ya no se presenta como un poder aplastante o como un Señor que intimida, sino que se nos revela por medio de la vida frágil de un Niño (Jesús) quien es humano, el cual por amor, se entrega hasta la muerte, y muerte de cruz, por todos nosotros, sus hermanos, sus amigos, para salvarnos y darnos vida, comparte la vida con nosotros (en comunión). Es por esto la adoración de nosotros los cristianos, hacia Dios, por eso podemos adorarle y debemos adorarle, debemos tener una vida de adoración a Dios.

Adorarlo por su Revelación (encarnación)
Al descubrir a Dios por medio de un Niño (Jesús) los de ese tiempo le ofrecen dones de sabiduría y riquezas humanas (Incienso, Oro y mirra). Adorar a Dios, actualmente, significa ofrecer nuestros dones a todo niño, para que así, pueda vivir, aun cuando se hallen amenazados por Herodes (personas que tengan miedo de perder sus privilegios, o reinados de poder injusto), con esto se puede decir que adorar a Dios en su revelación es ponerse al servicio de la vida que nace, es lograr crear un mundo donde los niños puedan crecer en amor, paz y esperanza.

Adorarlo por nuestra redención (su crucifixión)
Al adorarlo en su nacimiento, se sigue adorando en su crucifixión, esto es ponerse al servicio de todos los crucificados, es decir, de aquellos que son expulsados, marginados, que se hayan al borde de la muerte. Es volverse amigos y compañeros (defensores y libertadores) de los que sufren en la tierra. Adorar a Dios significa amar y servir a sus pobres, Besar a Dios es acompañar a los que sufren.

Adorarlo por la comunión (compartir la vida eterna)
Este es el momento de máxima adoración ante el Santísimo (Dios), el cual se muestra tres veces santo. Aquí es donde se da el beso verdadero de la adoración, cuando Dios comparte su vida con nosotros y nosotros estamos en comunión con Él. Solo aquí podemos caminar tomados de su mano y respirando su aliento, en este momento, cuando estamos llenos de él, podemos adorarle en “espíritu y verdad”.

Adorar es más que Inclinarse o postrarse, es accionar
Ahora no solamente debemos conformarnos con arrodillarnos o postrarnos, debemos “besar a Jesús (Dios)” ya que encontramos a Jesús, en las personas más pequeñas de la tierra (los niños), y en los que sufren (hambrientos y encarcelados “la cruz”), pero sobre todo, en los hermanos con los que nos relacionamos (tenemos comunión, ser fraternales y compartir la comida). Esto nos lleva a adorar a Dios y solo a Dios, en los niños, en los que sufren, y en nuestros hermanos, haciéndolo como símbolo de respeto, solidaridad y mutua ayuda (dar un beso de amor)

Debemos respetar a todos los hombres de la tierra, quererlos como hermanos nuestros, siendo hermanos de Jesús e hijos de Dios; pero no debemos inclinarnos ante aquellos que se sientan grandes (poderosos opresores). Nosotros debemos ser adoradores en un gesto de amor a los pequeños, ya que en ellos, descubrimos la presencia de Dios que viene y se revela según (1 Corintios 1:27-28) que nos dice “sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. Debemos adorar a Dios por medio de ellos, en gesto de servicio reverente, ya que a Dios no le podemos adorar, si no se manifiesta primero nuestro amor ante los hombres.

Primero está la gracia de Dios, la cual se muestra en Cristo, por nosotros los hombres, nos convertimos en: lugar de Dios y portadores del evangelio. Como respuesta nosotros adoramos a Dios sirviendo a los pequeños, pero esto es solo como segundo plano, ya que es una consecuencia del adorar a Dios en espíritu y verdad, por tanto ha de hacerse y vivirse de una forma gozosa y creadora.

Dios sigue buscando adoradores, que le adoren en espíritu y verdad, busca personas como tú y como yo, los cuales le hemos conocido, le hemos visto y hemos tocado sus heridas, y mejor aún, caminamos con él, de su mano, besándole, viviendo con su vida, y respirando con su aliento, desde el momento que nos levantó, cuando estábamos postrados en el suelo, cambio nuestras vidas y nos hizo amigos de él, por eso le adoramos. El estar al servicio de los pobres y crucificados es solamente una característica de la adoración a Dios, el mostrar amor hacia el hombre es simplemente un reflejo del amor que Dios nos ha dado. La verdadera adoración es amar a Dios, y ofrecerle nuestros dones (nuestra vida) día a día, en gratitud.


jueves, 18 de abril de 2013

Aquí estoy. ¡Envíame a mí! (Isaías 6:8) Profetas


 

Pastores y Líderes que se Arriesgan…
En (Isaías 6:8) NVI nos dice “Entonces oí la voz del Señor que decía: — ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí!”.  ¿Cuantos de nosotros no hemos dicho esto? Este versículo nos debería hacer reflexionar ya que nos hace ver como Dios pide ayuda a un sacerdote instalado en la corte. Dios pregunta ¿A quién enviaré? el sacerdote, llamado Isaías, se siente solicitado y responde: ¡Aquí estoy! Es exactamente aquí donde empieza su gran aventura: decide arriesgarse con Dios, y andar por el mundo, a través de caminos nunca transitados, conociendo nuevas aventuras. Pregunto a ustedes ¿Quién se apunta? Ya que hacen falta personas que tengan un espíritu de compromiso en la Iglesia.

Isaías es llamado
El llamado de Isaías nos sitúa frente a una de las experiencias fundamentales de la historia bíblica. Es aquí donde el mismo Dios nos despierta y mueve, para hacernos enviados suyos en el mundo.

Se puede decir que Isaías era un sacerdote honrado, de clase superior, un noble. Él vivía del culto, tenía para comer, y muy bien. Lo único que tenía que hacer era decir la palabra que se esperaba, en el momento adecuado, tanto para el rey como para el pueblo de Jerusalén. Luego de la muerte de un rey, Isaías asiste a la ceremonia de coronación del nuevo rey de Judá, en Jerusalén, junto con sacerdotes y nobles, sentándose en primera fila. Estando allí, Dios habla, él podía evadir y seguir pensando en lo suyo, o cantar con todos, para seguir en el juego de la vida, pero Dios lo llama para atender una tarea especial. La duda aquí sería ¿estará él dispuesto a escuchar y a comprometerse con Dios?

Esto sucede en el año 739 a.C. Isaías, posiblemente mirando hacia el rey, hacia lo profundo de su corazón, descubrió a su Dios (el Dios Verdadero) y luego escucho una voz, la cual lo marcó para siempre.
De hecho (Isaías 6) NVI elaborado y redactado por él mismo, trata sobre esto “El año de la muerte del rey Uzías, vi al Señor excelso y sublime, sentado en un trono; las orlas de su manto llenaban el templo. Por encima de él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban. Y se decían el uno al otro: «Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria.» Al sonido de sus voces, se estremecieron los umbrales de las puertas y el templo se llenó de humo. Entonces grité: « ¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos, ¡y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso!»

En ese momento voló hacia mí uno de los serafines. Traía en la mano una brasa que, con unas tenazas, había tomado del altar. Con ella me tocó los labios y me dijo: «Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado.»  Entonces oí la voz del Señor que decía: — ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí!

Nuestro Dios se muestra “Teofanía” (Isaías 6:1-4)
Recordemos que posiblemente estemos en la ceremonia de elección del nuevo rey, El Sacerdote del Templo (Isaías), quien era hombre de letras, al servicio de la corte… de pronto siente que Dios le llama, y lo hace para confiarle una misión peligrosa, de  manera que si lo acepta deberá arriesgarse por Dios.

“Vi al Señor”, bueno mejor dicho, se mostró (se me hizo ver) al verdadero rey o señor que es DIOS. Isaías está viendo al nuevo rey de Israel (al que estaban coronando), pero penetra aún en un nivel mayor y descubre al rey verdadero (DIOS) sentado sobre un trono excelso.

Isaías no ve al sumo sacerdote ni a un rey terrenal, sino al Rey supremo, sentado, presidiendo y dirigiendo desde arriba. Además el cuerpo y rostro de Dios le resultan invisibles ya que a Dios nadie jamás lo ha contemplado. Lo único que logra ver con claridad son los velos de su manto. Podríamos decir entonces que el Dios inmenso de los cielos llena con su manto el templo de la tierra; es claro que nosotros los hombres no podemos contemplarle pero tocamos sus vestidos.

Los serafines llevarán a Isaías al verdadero camino de Dios, y le harán caminar por sendas que hasta entonces nadie había transitado. El vuelo y la adoración de los serafines son gesto de respeto y suma libertad. Respetan: por eso cubren su rostro para no ver al Dios invisible, y se cubren los pies, para no exponer su vergüenza  a la luz del misterio. También claman: ellos elevan su voz, gritan la palabra de confesión sagrada (¡Santo, Santo, Santo!). Aquí desaparece el ejercicio de sacrificio, no hay animales muertos ni sangre. La alabanza de Dios es identificada con la voz de un canto.

¡Santo, Santo, Santo! El atributo primordial de Dios es éste. Lo existente en el mundo es profano, ya que todo se consume, todo es vanidad y muere. A diferencia de esto, Dios es Santo, palabra que no podemos pronunciar los seres de la tierra. Aun cuando los serafines no pueden contemplar a Dios, le cantan, aunque no alcancen su misterio más profundo, pueden y quieren alabarle. Es Dios victorioso, que reina y extiende desde el cielo su dominio sobre todo lo que existe, por esto es todo poderoso, y por esto mismo continúa el canto en contrapunto de gozosa admiración ¡La tierra toda está llena de tu gloria! Sabemos que el cielo  o el templo es el lugar de gloria de Dios, pero aquí añade que aún la tierra de los hombres está llena de la gloria de Dios. Es por esto que se llama a Isaías, para hacer que la tierra, sea un lugar en el cual se expresa la grandeza de Dios y su salvación.

Se estremecieron los umbrales de las puertas… Su visión termina con sucesos que se parecen a los del Sinaí en Éxodo 19:16-20. Hay terremoto, el templo se mueve, voz como trueno que proviene del mismo ser divino; también hay humo, que es señal de gloria y fuego, y el humo es como nube que marca la presencia divina sobre el mundo. Todos estos sucesos, son clara representación de una visión profunda de la divinidad. Pero de todo esto resalta algo grandioso y nuevo: Dios purifica a su profeta para que pueda realizar la obra que Él le encomendó en el mundo.

Un Profeta que debería morir “Sentido de Culpa” (Isaías 6:5-7)
Luego de expresar lo visto, pasa a la respuesta de profeta, la cual está llena de pavor por su visión, pero recibe el signo purificador de Dios el cual lo consagra como Profeta (Isaías 6:5-7) NVI dice “Entonces grité: «¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos, ¡y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso!» En ese momento voló hacia mí uno de los serafines. Traía en la mano una brasa que, con unas tenazas, había tomado del altar Con ella me tocó los labios y me dijo: «Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado.»” Aquí se pueden resaltar dos cosas importantes: Primero la confesión de pecado (más que pecador, el profeta se siente tan pequeño e inmundo ante tal majestad), siente condición de muerte:
¡Ay de mí, que estoy Perdido!... es una clara expresión de alguien que sabe que ha llegado a su fin (podríamos decirlo ahora como “me muero”). Isaías se mantiene con vida sólo porque Dios cubre su rostro: se sabe que cuando Dios descubre su rostro la vida termina. Esto  nos hace reconocer lo humano que somos, Nosotros no podemos mantenernos ante el Dios de la verdad, que es el Dios de la justicia y de los pobres.
-Soy un hombre de labios impuros… Descubrimos aquí que el sentido de muerte no viene solo porque ha visto a Dios, sino porque, al estar ante tal majestad y gloria, descubre su impureza personal. Al escuchar el canto de los serafines por la santidad de Dios, el profeta reconoce y siente su impureza en el mismo lugar que debía estar lleno de pureza: refiriéndome a sus labios. El profeta reconoce que TIENE QUE APRENDER A DECIR LA VERDAD E ILUMINAR AL PUEBLO. Isaías en este momento es un hombre que se siente incapaz de decir la palabra de Dios, no puede dar su mensaje, no siente un compromiso, ni tiene el valor para aventurarse a los caminos que le está mostrando, pero tiene que hacerlo.
-Y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos… Isaías empieza a ver su entono, ve a sus amigos, al pueblo, a los hombres y mujeres de su tiempo, todo el pueblo que está en la ceremonia, y descubre que ellos también están impuros, es un pueblo que miente,  y sobre todo resalta también los labios (el cual es el lugar de la palabra). La condición de las personas del templo de Jerusalén en ese entonces es mentirse unos a otros, engañarse… no es mucha la diferencia con las personas de la actualidad, la mentira está en el mundo y en la sociedad sagrada (en la iglesia, junto al pastor y los ministros que cantan) y el oponerse a esa mentira, es el principio de la profecía.
¡Y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso! Ese es el final de su lamento, no logra imaginar cómo sus ojos han visto aquello que nunca deberían. Ha visto al verdadero Rey, al Señor todo poderoso, creador de todos los hombres. Lógicamente y según la tradición hebrea, el profeta debería morir aquí. Pero no muere y se mantiene delante de Él, no sale de su presencia.   
Dios purifica la vida, Los labios (Para la palabra)… Luego de que Isaías tuviese esa experiencia de muerte, y la superara (se pregunta  ¿qué puedo hacer?) es aquí cuando la figura de Dios actúa en forma creadora, iniciando un camino de vida (en este caso un juicio) a través del profeta.        
“En ese momento voló hacia mí uno de los serafines. Traía en la mano una brasa que, con unas tenazas, había tomado del altar Con ella me tocó los labios” Este es el signo de purificación e investidura. Un ritual de iniciación, el fuego es un aspecto de muerte (quema y mata) pero también hay un nuevo nacimiento: una consagración de los labios del profeta
“Con ella me tocó los labios y me dijo: «Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado.»”        Es interesante como él escucha una voz que le dice “tu maldad ha sido borrada…” El profeta se da cuenta de que está limpio, y que Dios lo quiere así para que pueda ser enviado y realice su obra. Isaías escucha unas palabras de un cambio profundo. La voz de los serafines nos llevan ante Dios, que es Santo. El gesto de los serafines, cuando purifican al profeta, nos colocan como los seres importantes de la tierra.
Eres tú, soy yo, nosotros hemos sido purificados y escogidos para decir las palabras de Dios (EVANGELIO). Somos nosotros los que debemos actuar como profetas, siendo la voz de Dios en el mundo. No se trata de otras personas sino de nosotros, (TU Y YO). Nosotros mismos somos Isaías, en la reunión de la iglesia, en nuestras actividades sociales familiares y eclesiales hoy 18/04/2013 12:20:07 p.m. , como Comprometidos con Dios (Profetas de Dios),caminando por las sendas nuevas y no conocidas, anunciando la Palabra de Dios (EVANGELIZANDO).

Dios pregunta ¿A quién enviaré? (Isaías 6:8-13)
El escuchar esa voz es tan interesante, tan suave (no con gritos), es una voz que llama al corazón y de manera muy respetuosa hace una invitación, esperando la respuesta del profeta. Dios no ordena a gritos, ni se impone, solamente piensa, pide ayuda… es como hacer una reflexión consigo mismo y pidiendo ayuda:
¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? En este momento Isaías ha entrado en la intimidad de Dios: ya ha visto aquello que no se puede ver y no ha muerto. Los serafines lo  han limpiado de su inmundicia… es hasta aquí cuando puede escuchar la conversación más secreta de Dios: él puede entrar en el corazón de la preocupación del gran Rey, divino y sublime, que, aun pudiéndolo todo, NECESITA, QUE ALGUIEN HABLE EN SU NOMBRE Y QUE TRADUZCA SU PALABRA EN VOZ HUMANA: ¿Quién ira por nosotros? (posiblemente Dios habla con sus ángeles o consigo mismo). Dios es Palabra, e Isaías ha entrado en esa palabra, penetro más allá del manto del templo de este mundo. Escucho a Dios, Dios nos necesita, Dios nos llama… Tenemos que ayudar a Dios a traducir su palabra a la voz humana.
—Aquí estoy. ¡Envíame a mí! Es interesante que Dios demande, busque, pida… Pero luego es el profeta el que suplica, y se pone en sus manos: ¡Señor yo estoy aquí, yo puedo hacerlo, envíame, por favor! Solo aquel que ha entendido este pasaje comprende al Dios de los profetas, y por ende ha llegado al centro de la Biblia. Dios necesita profetas (Personas que pasan de la típica ceremonia y liturgia del templo y se pongan a la disposición de la palabra de Dios).
Dios sigue preguntando ¿A Quién Enviaré?, solamente nosotros, tu que estas leyendo esto, yo que lo estoy escribiendo, podemos responderle: ¡Aquí estoy, aquí estamos, envíanos a nosotros!
Todos experimentamos este impacto de alguna manera, pero lamentablemente la mayoría no lo reconocemos, por nuestra impureza y seguimos tan en-soberbiados, tan desinteresados y ajenos a la visión, al encuentro con el Rey, con el todo poderoso. Al final se trata de Ayudar a Dios… poder ser palabra de Dios para las personas..
Espero que hayan muchos que podamos decir: ¡¡¡AQUÍ ESTOY… ENVIAME A MI!!! Me comprometo contigo Dios.
Bendiciones

jueves, 11 de abril de 2013

La importancia de Preparar Nuestro Corazon (Esdras 7:10)

 
 Alguna vez nos hemos preguntado
"Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos". Bueno recordemos que Esdras, era sacerdote y escriba del pueblo de Israel, él preparo su corazón para la ley de Dios. Cuando Dios busca a una persona, él ve la dimension espiritual de su vida. Él mira y conoce el corazón de las personas por lo tanto elegirá a personas con integridad, pureza y virtud. Siendo esto de gran importancia para todos aquellos que dirigen la iglesia. Al igual que Esdras, nosotros debemos preparar nuestros corazones por tres razones:

1. Para Inquirirla:

Sabemos que inquirir significa: indagar, o examinar cuidadosamente una cosa. Al pueblo de Israel le fue dado por primera vez el mandato de inquirir la Ley segun 1 Crónicas 28:8 "Ahora, pues, ante los ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en herencia a vuestros hijos después de vosotros perpetuamente." (RV60).

Ahora nosotros somos el pueblo de Dios, la iglesia, la congregación de Jehová, que estamos a oídos de nuestro Dios, llamados a guardar e inquirir todos los preceptos de Jehová nuestro Dios y nuestro Señor Jesucristo... nos preguntaremos ¿Por qué? te dire, por tres razones:

a) Para conocer la verdad: El conocer la verdad nos trae libertad de espíritu, es más Dios quiere que conozcamos la verdad, para seguir el camino, no olvidemos quien es la Verdad...

b) Para tener vida Eterna: acompañada de la verdad, esta la vida eterna, esto lo podemos encontrar en Juan 5:39 "Ustedes estudian (o estudien) con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor!" (NVI).

c) Para ver si las cosas son asi: un claro ejempo de ello son los hermanos de Berea en el libro de Hechos 17:11 "Éstos eran de sentimientos más nobles que los de Tesalónica, de modo que recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba" (NVI).

Debemos inquirir y escudriñar la sabiduría de Dios como a tesoros, para encontrar un tesoro se debe buscar, estudiar, preparar y excabar, lo mismo se debe hacer con la ley de Jehova, si queremos inquirir la ley.

2. Para Cumplirla

Otro motivo por el cual debemos preparar nuestro corazon es porque no solamente hay que inquirir el conocimiento de la ley, sino que hay que cumplirla. Recordemos que Dios siempre ha pedido obediencia a su pueblo y a sus siervos, lo ha hecho una y otra vez. En Deuteronómio 26:16 nos dice "Hoy el Señor tu Dios te manda obedecer estos preceptos y normas. Pon todo lo que esté de tu parte para practicarlos con entusiasmo." (NVI).

Ahora a nosotros también se nos llama a cumplir y obedecer la ley de Cristo, podemos verlo en Galatas 6:2 "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo." (RV60). Esto nos hace ver que Dios no quiere que seamos solo lectores, estudiantes u oidores de la Biblia, sino que seamos hacedores de ella. Preguntemonos ¿Por qué cumplidores? dejame explicarte segun lo que dice Santiago 1:21-25:

a) Si somos solo oidores mas no hacedores somos semejantes a aquellas personas que se ven en el espejo, pero que se van sin hacer las correcciones necesarias a su persona (limpiarse, arreglarse, etc), esto no tiene ningun sentido. Santiago 1:22-24 dice "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era" (RV60).

b) Si somos hacedores, y cumplimos la ley, somos bienaventurados en todo lo que hagamos esto lo dice Santiago 1:25 "Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace." (RV60).

c) Aún el gran maestro asemeja al que oye para obedecer y ser hacedor, como un hombre prudente que edifica su casa sobre la roca, y tambien explica lo que le sucede al que es solamente oidor. Lo podemos encontrar en Mateo 7:24-27. "Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina." (RV60).

Es necesario ser hacedores de las escrituras, y no solamente oídores o conocedores, de nada nos sirve conocer si no lo podemos hacer, de nada nos sirve saber todo sobre el amor si no lo podemos demostrar, de nada nos sirve saber tantas cosas sobre Dios si no hacemos lo que el quiere.

3. Para Enseñarla

Es necesario que todo aquel que enseña la Escritura debe primero Inquirirla y luego cumplirla, ya que uno no puede enseñar lo que no ha leído ni estudiado de la Palabra de Dios y menos puede enseñar lo que no ha obedecido de la Palabra de Dios. Romanos 2: 21-23 nos dice algo sobre esto "Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios?" (RV60).

Para nosotros sigue aplicando esta ley, es preciso Inquirir y luego cumplir las escrituras para poder enseñarlas, no podemos enseñar algo que nosotros no conozcamos, no podemos demandar a los demas algo que nosotros no cumplamos. Pero ¿Quienes son los que deben enseñar la Palabra de Dios?

a) Los Obispos (Ancianos y Pastores) y Los Evangelistas (Predicadores) Segun 1 Timoteo 5:17(RV60) "Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar."

b)Las mujeres cristianas mayores deben enseñar a las más jóvenes. Segun Tito 2:3-4 (RV60) "Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos. Pero tambien las mujeres cristianas deben y pueden enseñar a los niños, esto se deduce de 2 Timoteo 3:14-15. (RV60) "Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús." Seguramente Timoteo adquirio ese conocimiento por medio de su abuela Loida y su madre Eunice.

c) Todo Cristiano es mandado a enseñar la doctrina del Señor Jesucristo, pero por no ser Cumplidores (Hacedores) no podemos enseñarla: Hebreos 5:11-12 (NVI) nos dice "Sobre este tema tenemos mucho que decir aunque es difícil explicarlo, porque a ustedes lo que les entra por un oído les sale por el otro.En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido.

Enseñar las escrituras es un gran Privilegio, pero también nos conyeva a una gran responsabilidad, ya que debemos cuidarnos de nosotros mismos y de enseñar la sana doctrina, para poder salvarnos a nosotros mismos y a los que nos escuchan. 1 Timoteo 4:16 (NVI) nos dice "Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza. Persevera en todo ello, porque así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen".

En fin, seamos imitadores de la actitud de Esdras, preparemos nuestro corazon para la Palabra de Dios, para inquirirla, para cumplirla y para enseñarla a su pueblo. No dudemos que si nos esforzamos por cumplir y llevar a cabo estos propositos para los cuales la palabra de Dios fue escrita, seremos bendecidos y bienaventurados en la vida presente y la venidera.